Acerca del eremitorio de Takamori
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Un sendero de fe
Takamori no es una organización ni una institución.
Es el movimiento de la vida misma; esa vida que nace y se va desarrollando
en el interior de cada uno. Es como un aliento que se va profundizando
cada día con una respiración pausada y honda.
Takamori es un corazón unificado. Ese aliento pausado
y ese corazón unificado se dirigen a la profundidad divina. |
La persona que toma en su mano el cayado de caminante en el
eremitorio ha de saber que no importa lo que le guste y lo que no. Ante
él solo tiene una decisión por hacer.
¿Está dispuesto a fijar su atención en ese
aliento pausado y en ese corazón unificado para seguirlo o por el
contrario lo rechaza?
La persona que ha sido tocada por la vida, se percata con
sorpresa de la existencia de una corriente que se desliza a una profundidad no
perceptible a los ojos del hombre. Los que vivimos en Takamori nos debemos
esforzar por disfrutar de un pequeño remanso en esa corriente subterránea.
También debemos tener siempre presente que aunque vivamos en el mismo lugar, aunque hagamos la misma vida, habrá personas que ya gozan de esa corriente subterránea y habrá personas en las que aun no ha comenzado a fluir.
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