6. Predicador


    En 1203, cuando Domingo con unos treinta tres años había vivido más de la mitad de su vida vuelve a incomodar a los que ya hemos pasado por esa etapa.

     La crisis de la media vida, lo adjetivan unos intelectuales gustosos de cuadricular el mundo emocional de los humanos. Otra crisis ni más fácil ni más difícil que las anteriores o las posteriores. Es ésta una crisis en la que unos se quedan al borde del camino creyendo que la vida no puede exigirles de nuevo más cambios ni más caminos. Entre éstos están algunos más piadosos que santamente defienden que su situación está en regla y que las reglas y cánones son la voluntad de Dios y se instalan devotamente en su remanso oteando los tropiezos de los que están dispuestos a dar un paso más hacia adelante. 
Son los profetas venerablemente experimentados
    Otros, animados por esos profesionales del mundo emocional, se atreven a dar un salto en el vacío para comenzar un camino totalmente nuevo y diferente creyendo que en la novedad se encontrarán a sí mismos y que en la diferencia podrán  rehacer las equivocaciones de un pasado fallido por falta de opciones libres y conscientes. Tan seguros están que mañana la novedad no será vieja y que la diferencia no será similar.
Son los profetas eternamente juveniles.
    Los hay que comprenden que la solución no es ni el instalarse en la cómoda penumbra de la propia habitación ni tampoco el tirarse por la ventana sino utilizar la puerta. 
    Son los profetas. A secas.

     Domingo había leído muchas veces lo poco que hay escrito sobre el profeta, a secas, salido de Nazarét. Había leído sobre la puerta que se le abrió y que él mismo empujó cuando se fue con Juan Bautista, sobre la puerta que se le abrió y que él mismo empujó cuando se dedicó a compartir su vida con los hombres y mujeres de la ribera del lago, sobre la puerta que se le abrió y que él mismo empujó cuando comprendió que tenía que dirigirse a la capital y sus poderes. Había leído sobre su última puerta, más fácil de contar que de comprender. 
    Después de tanto leer, ahora le llegaba el momento de entender que la puerta no se cierra por reglas ni cánones pues éstos no son la voluntad de Dios sino formulaciones que hacemos los humanos y que no pasan de ser pautas para seguir buscándola. Que no es el ansia de novedad ni el tedio de la propia vida la razón para abrirla. Comprendió del profeta, a secas y con minúsculas porque a él le hubiera gustado que se escribiera con minúsculas, que son las personas y la palabra lo que dan la pauta para poner tu mano en el pomo de la puerta, girar y empujar. Las personas desde sus vidas, no desde sus puestos. Las palabras, no las impositivas sino las comprendidas y compartidas, las que tienen sentido.
    No está definido el criterio de la ortodoxia. El del Evangelio, si. Personas y palabra.

     También Dios hace pequeñas provocaciones para que nos demos cuenta del momento y a Domingo también se lo hizo. La provocación fue un viaje político, que por ser político no merece mayor consideración que el tiempo gastado en pronunciarlo, a un pais que después sería llamado Dinamarca y Alemania.

    Y se puso en camino con su compañero Diego, ya obispo de Osma. Y el camino fue el que cualquier persona soñaba con recorrer. El Camino de Santiago pero en sentido contrario. Y por ir en sentido contrario vio muchas reliquias, templos y monasterios. Oyó muchos pecados y penas de penitentes y muchas jaculatorias de devotos. Cada día veía y oía infinidad de caras y labios pero no lograba encontrar a personas ni su propia palabra.
    Logró encontrarlo en una posada a su paso por Toulouse entre gente despreciada por ser hereje y también cuando llegó a las tierras de su destino, entre gente tan temida como desechada por ser infieles y salvajes. 

    En la posada de Toulouse fue su primera experiencia de profeta. Como el profeta de Nazarét que no podía sanar sino escuchaba atentamente el sufrimiento de esa persona, si no le acariciaba con clama o se dejaba tocar por cada uno, Domingo comprendió que un profeta ha de tener la capacidad de mirar a los ojos de una persona, no a las masas. Las masas son campo propicio del profeta venerablemente experimentado o del eternamente juvenil. Es mirando a los ojos de una persona y dejar que esa persona clave sus ojos en los tuyos con el mismo respeto, confianza, comprensión y apertura con que tú los clavas en los suyos, cuando afluye la persona y sus palabras. 
    El francés aprendió del castellano mucho aquella larga noche. No porque el castellano le trasmitiese conocimientos que no tenía sino porque gracias a aquellos ojos y sus palabras pudo organizar en su mente muchos pensamientos que hasta entonces había tenido revueltos acerca de Jesús, de su palabra, de lo que es una vida digna y del eterno tópico si se cree en la Iglesia o no.
    El castellano por ser castellano, fue más lento aunque no menos agudo. Comprobaremos después, porque a un castellano hay que medirle por el después, que aprendió del francés acerca de la belleza de la sencillez de Jesús, de la fuerza de la palabra evangélica cuando suena en romance, de la dignidad de una vida desprendida y de las posibilidades que da la Iglesia si uno sabe levantar la vista por encima del libro de cánones.

    Su segunda experiencia de profeta fue en el norte de Europa y no entre los dos contendientes al trono imperial y sendos partidarios que hablaban ortodoxamente el mismo lenguaje religioso que él, sino entre aquella feroz tribu pagana llamada cumanos que había sido involucrada por los mismos contendientes al trono, pues ya sabemos que el más poderoso no es el que más bien hace sino el que más destruye y así lo tendemos a aceptar todos e incluso es lo que lleva a no pocos a prestar su juramento de fidelidad.

      Pues fue entre esas personas que no hablaban religiosamente, que no se organizaban civilizadamente, que no actuaban decentemente y que no tenían la costumbre de repensar las cosas racionalmente, donde Domingo recordó que al profeta de Nazarét le gustaba hablar de pastores y ovejas, de viñas y vino, de flores y pájaros, incluso de cuervos y buitres, de sembrados, de mujeres barriendo y haciendo el pan, de amigos inoportunos, de reyes crueles, de viajeros atacados por violentos y mirados por respetables,.. Quizá así fuera más fácil para las dos partes el ponerse de acuerdo que Dios, se le nombre como se le nombre, es un padre al que le gusta el silencio y la intimidad con sus hijos.

    La primera experiencia duró una noche, la segunda un año. La primera hablando en cristiano, la segunda en pagano. La primera con un vecino, la segunda con alguien demasiado extraño. Pero fue esta segunda la que más cautivo a Domingo, como también paso al de Nazarét. Fueron estas extrañas personas y sus paganas palabras, al fin y al cabo personas y palabra, lo que le llevó a poner su mano en el pomo de la puerta y dirigirse a Roma para solicitar el beneplácito por el que dejaría su situación canónica en la diócesis y pasaría a ser sólo profeta.

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  1. Sus úlimos días

  2. Muerte

  3. Nacimiento y niñez

  4. Juventud

  5. Clérigo Regular en Osma

  6. Predicador

  7. Abandonado

  8. Una familia