8. Una familia
Para no resultar tedioso no he querido insistir en mi gusto por las
ventanas. Permítaseme una última vez reflexionar sobre lo que de
todos es sabido y yo no he resistido la tentación de expresar. Que la
ventana está para ser abierta y para ser cerrada. Nunca para ser cegada.
Que la ventana no es solo espacio de luz y visión sino
también de aire, respiro y ventilación.
Es vedad que no podemos permitir la entrada de cualquier aire
indiscriminadamente. Pero una persona o una comunidad que ha
optado por replegarse en sí misma con la vana excusa de fortalecerse, ha
tapiado su ventana con el consecuente resultado de condenarse al hedor de sus
propios sudores. A Domingo le gustaba el aire fresco y después de muchos años
vemos que, sin apenas darnos cuenta, había nacido una familia. En un
pequeño pueblo francés llamado Prulla aparece una pequeña
familia compuesta de varias mujeres y unos hombres. Más ellas que ellos
porque bien es sabido que el peso familiar lo llevan ellas. Había
que tener las ventanas bien abiertas para tal atrevimiento. Y así nace lo
que después sería la única orden religiosa mixta que ha
sobrevivido a la largo de la historia de la Iglesia.
El frescor de Domingo puso de manifiesto la veracidad del evangelista que
contaba que el que deja padre, madre, hermanos, casa,... se ve premiado con
madre, hermanos, casa,... No se le olvidó al evangelista la palabra padre
en la segunda parte de la frase, que no era de los que escribían con
precipitación. Se deja padre para solo quedar el otro padre que estaba
antes que el padre que se había dejado. No habrá nuevo padre. Por creerlo una frescura y no frescor otros han anulado sigilosamente la
otra sentencia de que no llaméis padre, señor, maestro, enviado de
Dios,... porque sólo uno es eso. Por creerlo una frescura algunos han
impuesto a Dios un vicario. Por anhelar una familia fresca y ventilada, Domingo
anuló cualquier vicaría sabiendo que si Dios es un dios como Dios
manda, no necesitaría vicarios.
Nadie abra sus labios para probar su necedad diciendo que a Domingo le
llamaban maestro porque todos sabemos de lo que estamos hablando. Que para leer
el Evangelio hay que quitarse el sombrero, no la cabeza.
Frescor como el de aquel sucesor de Domingo que hablando de obediencia le
gustaba narrar el episodio en el que el hermano Mateo se negó a ir a París
sin dinero para el viaje y Domingo acabó haciéndose cómplice
de su criterio y desobediencia. Frescura la del otro que se hacía eco de
la queja de un provincial que lamentaba no poder hacer asignaciones a discreción.
Como si la
obediencia fuera licencia para convertir la vida de los demás en objeto
de jugadas imaginarias en un tablero imaginario de ajedrez, contra un jugador
imaginario.
Con esto quedó vencida la tentación del poder. Quedaba
ahora la del pan.
Pensaron en aceptar la parroquia del pueblo vecino, Fanjeaux, para tener
un apoyo institucional y financiero. Pero al medio año se dieron cuenta
que la institución roba la libertad, el tiempo y la energía y,
sabe mejor el pan que hay que ganar con el trabajo diario que el que el que te
asegura una nómina o unas propiedades. Desde este momento se descartó
para siempre la institución y la nómina o propiedades. Se
trasladaron a Toulouse donde fueron aceptados como simples profetas. A veces
hablando de la Palabra, a veces rezándola, a veces compartiéndola
bajo la supervisión de un profesor. No cualquier profesor, sino un inglés
que leyendo letras veía personas y sentido.
Al obispo le impacto este pequeño grupo y su forma de vida y no
dudó en llevarse a Domingo a un concilio para presentárselo al
Papa. Roma no le despidió en esta ocasión con una bendición
divina sino con el reconocimiento de lo que eran. Una familia iluminada con el
ideal de San Agustín y con unas costumbres apropiadas a su forma de vida.
Acerca del escollo de unos sacerdotes sin altar, nadie pregunte. Que tienen los
abogados mañas para resolver estos asuntos sin que nadie caiga en la
cuenta.
Para una persona como Domingo, la tentación de los ángeles
no tenía mucha fuerza seductora. Que si una madre recupera vivo a su hijo que cae
de un andamio, no es menos espectacular la cantidad de madres que respiran cada
atardecer cuando ven a sus hijos entrar enteros por la puerta. Que si unos
peregrinos logran volver con sus familias después de vadear ríos
no es menos espectacular la cantidad de personas que logran salir sólo
empapados y con algún rasguño de los rápidos de la vida.
Que si un libro salta de la hoguera sin quemarse no es menos espectacular que
después de tanto bombardeo con palabras huecas, de manipulación
verbal y de medias verdades, aun recuperemos alguna palabra cálida de las
cenizas. Que si alguien logra comer cuando no hay, no es menos espectacular que
aun mucha gente sigua rezando la quinta frase del padrenuestro. El entenderse
con gente que no habla tu misma lengua no tiene secreto mientras se tenga una
guitarra y unas manos para gesticular.
Muchas cosas más se hubieran podido narrar de Domingo y más
aun de lo que fue evitando y de lo que significó pero por mucho que narrásemos
de esta persona no lograríamos introducirlo en los anales de los
vencedores. Que fue Domingo una persona que se contentó con vivir su vida
con sencillez sabiendo que las cosas pequeñas son lo que hacen grande una
vida y, que mejor que donar su nombre a los anales de vencedores, más
vale donar la propia persona a los que así tratan de vivir.
Yo pasé por donde anduvo Domingo décadas anteriores y vi lo que él vio. Comunidades de consagrados, se llamaban a sí mismos,
que condenaban a sus escasos jóvenes a apartar la mirada de su vitalidad
y de sus hermanos los hombres para hacer que la clavaran en su moribunda orden
creyendo que una mirada joven rejuvenecería a los moribundos. Pero sólo
se conseguía acrecentar el número de moribundos. Comunidades que
condenaban a sus miembros a ocupar e irse intercambiando puestos y títulos
sin ocupación ni contenido intentando fortalecer la organización
interna. Pero sólo se conseguía convertirlos en comediantes vanos
e inflados. Comunidades que acaparaban en la central los medios económicos
creyendo que la centralización florecería en unidad. Pero sólo
se conseguía crear discriminación por el favoritismo a unos,
porque otros se podían conseguir por sus medios lo que el favoritismo
otorgaban a los otros, y los que no pertenecían a un bando ni al otro se
les condenaba a la penuria. Comunidades que intentaban ser efectivas por medio
de la sumisión de todos a uno que impondría la voluntad divina.
Pero ese uno tenía que mantener su poder por medio de maquinación
y toda la efectividad se consumía en intrigas de salón y de
corredores del corre, ve y dile. Comunidades a las que por temor al
discernimiento se imponía la castración con interminables
informaciones vacías e infladas o mediante la simple técnica del
tintineo de la esquela mortuoria.
La técnica prudente del replegamiento es temerariamente imprudente.

Ventana de la habitación en la que
Domingo murió
En resumen, cegar la ventana.
Si es que ha sobrevivido como tal.

El resto de la historia es de todos conocida. París, Madrid,
Bolonia, Roma,... Una familia de hombres y mujeres que se extendía y que
Domingo visitaba al tiempo que iba encontrándose con personas dispuestas
a compartir el interés por la palabra y las personas.
