8. Una familia  

 

        Para no resultar tedioso no he querido insistir en mi gusto por las ventanas. Permítaseme una última vez reflexionar sobre lo que de todos es sabido y yo no he resistido la tentación de expresar. Que la ventana está para ser abierta y para ser cerrada. Nunca para ser cegada. Que la ventana no es solo espacio de luz y visión sino también de aire, respiro y ventilación.
      La técnica prudente del replegamiento es temerariamente imprudente.

      Es vedad que no podemos permitir la entrada de cualquier aire indiscriminadamente. Pero una persona o una comunidad que ha optado por replegarse en sí misma con la vana excusa de fortalecerse, ha tapiado su ventana con el consecuente resultado de condenarse al hedor de sus propios sudores.  

Ventana de la habitación en la que Domingo murió
         Yo pasé por donde anduvo Domingo décadas anteriores y vi lo que él vio. Comunidades de consagrados, se llamaban a sí mismos, que condenaban a sus escasos jóvenes a apartar la mirada de su vitalidad y de sus hermanos los hombres para hacer que la clavaran en su moribunda orden creyendo que una mirada joven rejuvenecería a los moribundos. Pero sólo se conseguía acrecentar el número de moribundos. Comunidades que condenaban a sus miembros a ocupar e irse intercambiando puestos y títulos sin ocupación ni contenido intentando fortalecer la organización interna. Pero sólo se conseguía convertirlos en comediantes vanos e inflados. Comunidades que acaparaban en la central los medios económicos creyendo que la centralización florecería en unidad. Pero sólo se conseguía crear discriminación por el favoritismo a unos, porque otros se podían conseguir por sus medios lo que el favoritismo otorgaban a los otros, y los que no pertenecían a un bando ni al otro se les condenaba a la penuria. Comunidades que intentaban ser efectivas por medio de la sumisión de todos a uno que impondría la voluntad divina. Pero ese uno tenía que mantener su poder por medio de maquinación y toda la efectividad se consumía en intrigas de salón y de corredores del corre, ve y dile. Comunidades a las que por temor al discernimiento se imponía la castración con interminables informaciones vacías e infladas o mediante la simple técnica del tintineo de la esquela mortuoria.
        En resumen, cegar la ventana. 

        A Domingo le gustaba el aire fresco y después de muchos años vemos que, sin apenas darnos cuenta, había nacido una familia. En un pequeño pueblo francés llamado Prulla aparece una pequeña familia compuesta de varias mujeres y unos hombres. Más ellas que ellos porque bien es sabido que el peso familiar lo llevan ellas.  Había que tener las ventanas bien abiertas para tal atrevimiento. Y así nace lo que después sería la única orden religiosa mixta que ha sobrevivido a la largo de la historia de la Iglesia.
        Si es que ha sobrevivido como tal.

        El frescor de Domingo puso de manifiesto la veracidad del evangelista que contaba que el que deja padre, madre, hermanos, casa,... se ve premiado con madre, hermanos, casa,... No se le olvidó al evangelista la palabra padre en la segunda parte de la frase, que no era de los que escribían con precipitación. Se deja padre para solo quedar el otro padre que estaba antes que el padre que se había dejado. No habrá nuevo padre.

   Por creerlo una frescura y no frescor otros han anulado sigilosamente la otra sentencia de que no llaméis padre, señor, maestro, enviado de Dios,... porque sólo uno es eso. Por creerlo una frescura algunos han impuesto a Dios un vicario. Por anhelar una familia fresca y ventilada, Domingo anuló cualquier vicaría sabiendo que si Dios es un dios como Dios manda, no necesitaría vicarios.

        Nadie abra sus labios para probar su necedad diciendo que a Domingo le llamaban maestro porque todos sabemos de lo que estamos hablando. Que para leer el Evangelio hay que quitarse el sombrero, no la cabeza.

        Frescor como el de aquel sucesor de Domingo que hablando de obediencia le gustaba narrar el episodio en el que el hermano Mateo se negó a ir a París sin dinero para el viaje y Domingo acabó haciéndose cómplice de su criterio y desobediencia. Frescura la del otro que se hacía eco de la queja de un provincial que lamentaba no poder hacer asignaciones a discreción. Como si la obediencia fuera licencia para convertir la vida de los demás en objeto de jugadas imaginarias en un tablero imaginario de ajedrez, contra un jugador imaginario.

        Con esto quedó vencida la tentación del poder. Quedaba ahora la del pan.

        Pensaron en aceptar la parroquia del pueblo vecino, Fanjeaux, para tener un apoyo institucional y financiero. Pero al medio año se dieron cuenta que la institución roba la libertad, el tiempo y la energía y, sabe mejor el pan que hay que ganar con el trabajo diario que el que el que te asegura una nómina o unas propiedades. Desde este momento se descartó para siempre la institución y la nómina o propiedades. Se trasladaron a Toulouse donde fueron aceptados como simples profetas. A veces hablando de la Palabra, a veces rezándola, a veces compartiéndola bajo la supervisión de un profesor. No cualquier profesor, sino un inglés que leyendo letras veía personas y sentido.

        Al obispo le impacto este pequeño grupo y su forma de vida y no dudó en llevarse a Domingo a un concilio para presentárselo al Papa. Roma no le despidió en esta ocasión con una bendición divina sino con el reconocimiento de lo que eran. Una familia iluminada con el ideal de San Agustín y con unas costumbres apropiadas a su forma de vida. Acerca del escollo de unos sacerdotes sin altar, nadie pregunte. Que tienen los abogados mañas para resolver estos asuntos sin que nadie caiga en la cuenta.

      El resto de la historia es de todos conocida. París, Madrid, Bolonia, Roma,... Una familia de hombres y mujeres que se extendía y que Domingo visitaba al tiempo que iba encontrándose con personas dispuestas a compartir el interés por la palabra y las personas.

        Para una persona como Domingo, la tentación de los ángeles no tenía mucha fuerza seductora. Que si una madre recupera vivo a su hijo que cae de un andamio, no es menos espectacular la cantidad de madres que respiran cada atardecer cuando ven a sus hijos entrar enteros por la puerta. Que si unos peregrinos logran volver con sus familias después de vadear ríos no es menos espectacular la cantidad de personas que logran salir sólo empapados y con algún rasguño de los rápidos de la vida. Que si un libro salta de la hoguera sin quemarse no es menos espectacular que después de tanto bombardeo con palabras huecas, de manipulación verbal y de medias verdades, aun recuperemos alguna palabra cálida de las cenizas. Que si alguien logra comer cuando no hay, no es menos espectacular que aun mucha gente sigua rezando la quinta frase del padrenuestro. El entenderse con gente que no habla tu misma lengua no tiene secreto mientras se tenga una guitarra y unas manos para gesticular.

        Muchas cosas más se hubieran podido narrar de Domingo y más aun de lo que fue evitando y de lo que significó pero por mucho que narrásemos de esta persona no lograríamos introducirlo en los anales de los vencedores. Que fue Domingo una persona que se contentó con vivir su vida con sencillez sabiendo que las cosas pequeñas son lo que hacen grande una vida y, que mejor que donar su nombre a los anales de vencedores, más vale donar la propia persona a los que así tratan de vivir.  

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  1. Sus úlimos días

  2. Muerte

  3. Nacimiento y niñez

  4. Juventud

  5. Clérigo Regular en Osma

  6. Predicador

  7. Abandonado

  8. Una familia