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Encuentro con una corriente subterránea |
Antes de comenzar a escribir sobre el eremitorio de Takamori tengo que confesar
que no es una tarea fácil pues sé que me reflejará a mi
misma en lo que diga del eremitorio. Pero así ocurre con todo en
Takamori. Si vienes con angustia, te sentirás enfrentado con ella;
si con algo viciado, eso se te aparecerá ante los ojos. Es
especialmente en el silencio insondable de la capilla donde no podrás
ocultar nada. Sentirás que Dios con su luz y sus sombras, te va abrazando
cada vez mas fuerte tal como eres. Esta es la fuerza de Takamori.
Cuando el Padre. Oshida Shigeto (sacerdote dominico)
comenzó a vivir una vida ascética en absoluta pobreza encontró
que se sentía perteneciendo a un círculo de personas. Eso fue
cuando estaba ingresado en el hospital bajo tratamiento médico.
Hablando de esta época el solía decir “Silbando y con las manos en los bolsillos, sólo tratábamos de alejarnos del propio ego” “No planeábamos formar una comunidad ni inventar una nueva forma de Vida Religiosa. No hubo nada de artificial” Para que el trabajo de la “Mano de Dios” pueda ser visto con claridad, el hombre ha de renunciar a su ego. Así comenzó la trayectoria del eremitorio de Takamori, en un continuo diálogo con la “Mano de Dios”.
Lo primero que sorprende al visitante es una hermosa vista de casas de estilo
japonés con tejado de caña y los campos de arroz haciendo claros
en el bosque. Es incomparable la hermosura del campo de arroz con algunas
personas reunidas y trabajando. El P. Oshida trabajaba con nosotros y nos decía
continuamente “Mientras trabajáis tenéis que sentir que el
trabajo se va filtrando en vuestro cuerpo”
La cabaña principal es encantadora. La construimos entre todos usando madera que había sido utilizada en otras construcciones y uno puede sentir que es un espacio de comunión maravilloso.
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Subiendo
la cuesta y detrás de la cruz de madera, hay una cabaña
japonesa del té en el centro de una arboleda. Es la capilla.
Con su silencio profundo, la luz pura y los susurros de misericordia, es
el centro del eremitorio de Takamori. Todo es armonioso dentro de la
capilla. La ventana con cañas insertadas, el lustre negro en las
paredes por tantos años de encender fuego durante el ofertorio, la
estera de paja trenzada, la vieja alfombra que tejió la hermana con
tiras sacadas de kimonos usados, la tabla de una pieza que sirve de altar,
el cáliz de cerámica japonesa... Es de una belleza que surge
del interior de su armonía. Su vibración no engaña y
es abrumador el peso de la satisfacción espiritual y de la libertad
que se va sintiendo. |
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La pobreza será la segunda cosa que sorprenda al nuevo visitante. No hay aire acondicionado, ni televisión, ni cafetera eléctrica, ni servicio con agua corriente. Solo hay una estufa de leña en la cabaña principal para combatir el frío del invierno. Cuando vas a dormir y te metes entre esas sábanas tan frías solo tendrás una bolsa de agua caliente para tonificarte. Así sería el estilo de vida en los años cincuenta. Pero es así como se entra en contacto directo con la Naturaleza. La piel te enseña que formas parte de la naturaleza y poco a poco se siente uno en el centro de la existencia. Los que viven permanente en el eremitorio puede estar terriblemente ocupados trabajando pero no se ve a nadie irritado. La respiración es profunda y tranquila y por ella no se pierde la armonía.
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El arroz de Takamori es delicioso. Es una especie de arroz resistente al frío que crece rápido. Cultivar arroz a más de 1000 metros de altura en zona montañosa es un trabajo laborioso. Tener cuidado de que el frío no acabe con la pequeña planta de arroz, trasplantarlo con una oración en los labios, |
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vigilar continuamente
el nivel del agua, quitar el forraje cuando más calor hace, |
agrícola y por la madre naturaleza. Takamori tiene el poder de realizar ese proceso de absorción.
Rezamos una hora por la mañana y otra por la tarde. Como aprendimos del Padre Oshida, nos sentamos del modo Zen y escuchamos la lectura bíblica, rezamos el Padre Nuestro y entonamos salmos. Mientras estamos sentados del modo Zen la capilla se llena de silencio, ese silencio se va infiltrando en el cuerpo y todo se vuelve transparente y claro. Entonces, unidos en una misma respiración cantamos salmos. El cántico se eleva de un único aliento.. Allí, el propio ego desaparece para dar nacimiento a una nueva palabra la cual va desapareciendo poco a poco también. En estos momentos aparece la respiración de Creación se combina con la nuestra. Sus gemidos y dolores se trasforman en una voz silenciosa va se va acallando gradualmente. El Padre Oshida solía decir " La oración emerge de la respiración". Así es la oración de Takamori.
En
1981 tuvimos la asamblea mundial de directores de espiritualidad. Lo llamamos
“La asamblea de septiembre”.Fue una reunión de cristianos, budistas,
hindúes, musulmanes e indios americanos,. Takamori se ha convertido en un
lugar donde personas de distintas religiones, incluso sin religión, se
sentirán acogidas. Por encima de sus diferencias religiosas las personas
pueden llegar a un encuentro cuando están viviendo algo crucial.
No
podemos definir Takamori como un lugar de intercambio de espiritualidades o un
lugar de unificación del cristianismo y budismo, ni tampoco como un lugar
de inculturación cristiana. En cambio podemos decir que Takamori es como
una atmósfera donde personas en necesidad pueden encontrar respuesta a
sus necesidades. Podemos decir que es como una bendición para personas
que en su indigencia encuentran el sentido de una pobreza iluminada. Podemos
decir que es como una oración que se va profundizando en por el trabajo
en los campos con sus alegrías y su cansancio. Alguien podría
decir “¿es esto realmente
cristiano?” Pero esta pregunta le devolverá la pregunta ¿En qué
cristianismo hablas? Hay aquí un sincero espíritu cristiano y
japonés. Takamori se parece al manantial (se llama Koizumi) que está
al final de la loma. De ahí brota una corriente subterránea del
cristianismo y de alma japonesa. Takamori es un afluente incuestionable
del río de la vida.
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En estos últimos 30 años, Japón ha sido invadido por el racionalismo, la sistematización, la programación y el control sistemático. Es un milagro que una vida de oración en pobreza se haya podido mantener en este país. La oración y la espiritualidad nacen cuando el propio vivir es una apuesta por la vida. El eremitorio de Takamori es un testimonio concreto. (I, CH) |
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Encuentro con Takamori |
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